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Mindfulness y creatividad

Javier Antoranz Rivero

El pensamiento creativo es una habilidad innata del ser humano, una cualidad que nos posibilita encontrar soluciones novedosas ante cualquier problema o reto que se nos presente y adaptarnos a los cambios que se producen en el entorno en el que vivimos, lo cual en muchas ocasiones ha contribuido al desarrollo de la humanidad.

Por tanto, al tratarse de una capacidad del ser humano, la creatividad puede potenciarse, y en los casos en que se ha apagado y desaprendido, puede volver a aprenderse. Y es que, en el sistema educativo tradicional, la creatividad como área de conocimiento ha tenido un papel secundario, priorizando otras áreas de conocimiento, no menos importantes, como las ciencias o las matemáticas. Por eso resulta de suma importancia que el desarrollo del pensamiento creativo esté presente en el nuevo paradigma educativo del Siglo XXI, como elemento fundamental en los procesos de enseñanza y aprendizaje.
Y es en este proceso de desarrollo del pensamiento creativo donde la práctica de Mindfulness o atención plena, esa actitud de vida que nos permite parar y entrar en contacto con el momento presente para conectar con nuestro mundo interior y con la realidad que vivimos, aceptándola tal y como es, sin juzgarla, ha demostrado ser muy eficaz, pues refuerza las conexiones neuronales que se activan en cada  una de las fases del proceso creativo: preparación, incubación, iluminación y verificación, cuatro fases que describió Graham Wallas en su libro “El arte del pensamiento” (1926), donde desarrolló su teoría de la incubación creativa, según la cual el descanso y la pausa son claves para que nuestra mente encuentre las mejores soluciones ante los desafíos que se le plantean.
Esta teoría ha sido avalada por diversos estudios, como los realizados por Nicholas W. Kohn y Steven M. Smith, dos investigadores del departamento de Neurociencia Cognitiva Aplicada de la Universidad de Londres. Sus investigaciones demostraron que la pausa y el descanso son claves para la producción de ideas, pues cuando cambiamos el foco de atención de la tarea que nos ocupa y dejamos que la mente descanse, se activa la red neuronal por defecto, relacionada con el pensamiento divergente y responsable de la generación de ideas novedosas cuando la mente está en reposo. En este sentido, la práctica continuada de mindfulness incorpora a la rutina diaria periodos de descanso y desconexión que permiten cambiar de tarea y dejar que las ideas fluyan de manera natural, original, y desligadas de cualquier condicionante o prejuicio.
En el proceso creativo también participa la red de control cognitivo, relacionada con el pensamiento convergente y responsable de la evaluación de ideas y de su modificación, es decir, de la elección de la mejor solución, lo que resulta más fácil desde una mente clara que desde una mente agitada.
La práctica de mindfulness potencia la generación de ideas (pensamiento divergente) y la organización, estructuración, evaluación y modificación de dichas ideas (pensamiento convergente). Pero también potencia el circuito de saliencia, que mantiene el equilibrio entre la red neuronal por defecto y la red de control cognitivo, porque nos va a decir qué circuito debe activarse y cuando.
Mindfulness y creatividad son dos conceptos íntimamente relacionados que se integran dentro de la Educación Socio-emocional, en el sentido de que el pensamiento creativo conduce a al bienestar, y el bienestar facilita el desarrollo de la creatividad.

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1 respuesta a «Mindfulness y creatividad»

Gracias por esta aportación sobre Mindfulness y creatividad. Para mí, controlar la agitación de la mente es controlar y disfrutar de tu vida en el momento presente. Una práctica que creo esencial enseñar a los alumnos desde pequeños. Puede ayudarles a evitar la manipulación de sus mentes.

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