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#Impacto Social

The future of higher education: social impact. A framework for discussion

César Díaz-Carrera

“Cada realidad ignorada prepara su propia venganza”.
José Ortega y Gasset

¿Cuáles son las realidades, respecto de la educación en el futuro, que no nos podemos permitir el lujo de ignorar? O, dicho de otro modo, ¿qué conversaciones hemos de ser capaces de generar como sociedad sobre una cuestión tan capital, sopena de correr el riesgo de descarrilamiento de nuestros más acariciados proyectos colectivos?

El texto que sigue, escrito a vuelapluma, intenta aportar una modesta contribución sin más pretensión que la de acotar o balizar un extenso terreno en aras de la eficacia del debate. Mentes más lúcidas que la mía y con otras experiencias pedagógicas sabrán sin duda completar estas breves sugerencias.

Además de la Pedagogía, este amplio campo de juego incluye, entre otras, disciplinas como la Neurociencia y el Neuroaprendizaje, el Desarrollo de Consciencia y de talentos así como el conocimiento práctico de los procesos creativos y la ciencia y el arte del Liderazgo. Todos estos vectores confluyen en lo que los especialistas anglófonos llaman la construcción de “The Good Mind”, requisito a la vez previo y concomitante con la edificación colectiva de “The Good Society”. Entiendo que ambos objetivos han de constituir el norte e inspiración de toda tarea educativa.

Por mor de claridad he elegido articular tan compleja cuestión en una serie de epígrafes indicativos sin voluntad de jerarquía ni ambición de exhaustividad.

EL RETO EPISTEMOLÓGICO

Aun cuando el dramaturgo servo-­‐americano Steve Tesich acuñara en 1992 el término “Postverdad”, no ha sido hasta 2016 que el Diccionario de Oxford eligiera el término “Post-­‐Truth”  como  palabra  del  año.  “Fakenews”,  “fact-­‐checking”,  “fake  techs”,  “fake bots”… son otros tantos neologismos para designar una realidad inédita en la que la verdad deviene indiferente, solo cuenta la eficacia del relato (“storytelling”) y si para eso tengo que presentar “alternative facts” (Donald Trump), pues se fabrican para la ocasión sin el menor rubor. De ahí a la “Agnotología” o producción sistemática y deliberada de ignorancia, con fines manipuladores y ventajistas que acrecientan el poder (político, económico y mediático) sobre otros, no hay sino un paso.

En este contexto contemporáneo poco propicio para el desarrollo de criterio y la generación de conocimiento relevante, cabe preguntarse cual debería ser el papel de las instituciones educativas tradicionalmente empeñadas en la indagación de una verdad científica verificable y falsable según Popper. ¿Cómo deberían reforzar el criterio y sentido crítico de los educandos para que éstos se conviertan en ciudadanos libres, deviniendo “su propio faro y su propia brújula”?

REVISIÓN CONCEPTUAL

Aún con las limitaciones referidas los conceptos son importantes. “Si pudiera hablar con Dios, que le pediría? Le pediría un diccionario”, respondió el interpelado que no era otro que Denis de Rougemont, presidente del Instituto Europeo de la Cultura de Ginebra. Y son importantes porque la vida humana es relación. Somos en relación y hemos de entendernos. Y una Universidad (Unus-­‐versus), es un lugar de relación donde se aprende “el arte del encuentro” (Albert Jacquard). Veamos brevemente algunos conceptos.

IGNORANCIA. “Nescentia necat”, la ignorancia mata, reza el proverbio latino (desmentido en la “Era de la Posverdad”). Sin embargo dos grandes maestros como Buda y Sócrates coinciden en que el gran problema de la humanidad no es la maldad sino la ignorancia. Sin embargo y paradójicamente, solo desde mi reconocimiento de que no sé, me abriré a nuevos conocimientos, haciendo así un uso creativo de la ignorancia. Si “creo saber”, permaneceré cerrado y encerrado en mi zona de confort cognitiva, me agostaré y no creceré. De ahí que el conocimiento (o la certeza que ponemos en él) se revela como el peor enemigo del aprendizaje. Hay muchos tipos de aprendizaje, el experiencial, el que modifica mi sentido de la experiencia y mi percepción de la realidad, suele ser el más eficaz y duradero. ¿Cómo pueden las Universidades complementar el aprendizaje teórico con el experiencial?

EDUCACIÓN de “ex ducere”, sacar fuera, exteriorizar. El  “E-­‐ducator” ayuda al educando a sacar fuera su “unicidad” (aquello que nos hace seres únicos a cada uno), para desde ella construir un proyecto vital también único con el que contribuir al acervo social. Lo contrario de la educación sería el adoctrinamiento en que se atiborra al educando con contenidos externos ideológicos u otros alienantes, desviándole de sí mismo y de su genuina aportación. “Timeo hominem unius libri” (San Agustín), temer al hombre de un solo libro es un alegato contra el fanatismo y el fundamentalismo todavía no erradicado en el mundo. La Universidad ha de estar en sus antípodas: pluralismo, debate y libertad. “Educar es aprender a dirigir con sentido la propia vida”, decía Giner de los Ríos, y transmitir valores. Igual que liderar, el líder es el “meaning maker”, el generador de sentido. Y las metas de la educación son: transmitir un acervo cultural, preparar para la vida y formar para la convivencia cívica.

Mark Twain distinguía escolarización de educación: “Nunca dejé que la escuela interfiriera con mi educación”, escribía. Y es que para educar se precisa una tribu como reza un proverbio africano.

INTELIGENCIA de “inte legere”, leer dentro. Es decir, conocernos a nosotros mismos, aquello que nos hace únicos, nuestros talentos, nuestras inquietudes, nuestros anhelos y nuestra conciencia. La inteligencia entendida también como la capacidad de predecir y controlar el entorno físico, psicológico y social, resulta esencial. Los humanos tenemos la capacidad de predecir, y, por tanto, de prever las consecuencias de nuestras acciones, lo que nos confiere responsabilidad moral. Anticipar nos permite actuar proactivamente, superando reactividades automáticas, acostumbramientos y rutinas. En definitiva inventar nuevos modos de hacer creando realidades nuevas y valiosas.

El APRENDIZAJE implica un cambio en el significado de la experiencia. Frente al Viejo Paradigma de la Enseñanza que supone que el conocimiento implica una especie de operación de trasvase de conocimiento del enseñante al estudiante, el Nuevo Paradigma del Aprendizaje reconoce que el alumno no viene quam tabula rasa sino que tiene conocimientos y que éstos son mejorables. Y la misión del profesor consiste en ayudar al alumno a que los perfeccione construyendo su propio conocimiento relevante. Ambos configuran una comunidad de aprendizaje donde el profesor también aprende y refuerza aprendizajes necesarios como: aprender a aprender, a emprender, a tolerar y respetar…

COMPRENDER LA REALIDAD DE LA NATURALEZA HUMANA

En la literatura francófona se dice que el hombre es un híbrido entre el ángel y la bestia, y se pregunta por qué pudiendo ser ángeles actuamos frecuentemente como animales. Un vistazo a la sangrienta historia de la humanidad corroboraría el aserto “Somos nuestro peor enemigo y el del planeta”. Sin embargo nuestra pavorosa capacidad destructiva (ej. la nuclear), deriva de un uso discutible de nuestra capacidad creativa. Si solo existen cualidades positivas, como diría Aristóteles, el ser humano es creativo, teleológico y exponencial. Todo lo negativo que vemos indicaría un insuficiente desarrollo de las cualidades y habría que preguntarse el por qué y por la responsabilidad de los (inadecuados) procesos educativos en todo ello. Tal vez parte de la explicación resida en que somos criaturas medrosas y el miedo está en la base de nuestros comportamientos violentos e insolidarios. Superar el miedo es el principio de la Sabiduría y el miedo es causa de tanto sufrimiento innecesario. Habría que interrogarse si las universidades del futuro no deberían de dar carta de naturaleza a una exploración en profundidad de la Sabiduría, entendida como la máxima lucidez con la máxima felicidad. Después de todo la Ciencia no tiene la última palabra necesariamente ya que la Ciencia es fragmentaria y analítica mientras que la realidad es sintética y holista. En definitiva, “la multiplicidad que no se traduce en unidad es confusión. La unidad que no se manifiesta o despliega en diversidad es tiranía” (Blaise Pascal). ¿Será tarea de la Universidad del futuro promover la lucidez, la libertad y la meta-­‐disciplinaridad, para que personas y sociedades no tengan que transitar periódicamente entre la confusión y la tiranía?

Lograrlo implica encontrar el entronque entre la Ciencia y la Mística, entendida ésta como la cooperación con el impulso creador de la vida, debería de ser una tarea dialógica propia de una institución que lleva en su nombre el principio místico de Unidad y el científico de (multi)diversidad. Pero para ello precisa partir del Nuevo Paradigma

Científico (Gödel, Heisenberg, etc.). No tan nuevo ya que arranca con la Física cuántica y cuenta con un siglo de antigüedad. La Universidad va con mucho retraso en su proceso de impregnación y de difusión transversal de conocimientos por su estructura vertical anquilosada en disciplinas que configuran compartimentos estancos, inapropiados para captar una realidad compleja e interrelacionada. Cuanto antes asuma prácticamente que vivimos en el Paradigma de la Interdependencia Compleja, más útil resultará a la sociedad preparando a sus egresados de modo acorde con nuestra actual percepción de la realidad y nuestra capacidad real de transformarla.

COMPRENDER EL CONTEXTO DE CRISIS DE CIVILIZACION

Se ha dicho hasta la saciedad que más que en una era de cambios exponencialmente acelerados,  estamos viviendo un cambio de era. Una revolución no neolítica -­‐ya que no tiene que ver con la transformación de la energía-­‐ sino con la difusión sin precedentes de la información instantánea y global y con el desarrollo de nuevas disciplinas como la Neurociencia, la Biotecnología, la Nanotecnología, etc. que modifican hábitos y paisaje vital.  Todo  ello  en  claro  contraste  con  la  dimensión  socio-­‐política  con  sistemas  de partidos anclados en ideologías del S. XIX. Y con la manipulación ciudadana en manos de políticos y conglomerados de opinión nocivos.

Rof Carballo nos plantea: ¿Cómo poner los impresionantes avances tecnológicos (a los que no cabe renunciar) al servicio de la libertad interior de la persona? Su noción de “retroprogresividad” interpela también a las universidades. ¿Habrá alguna dispuesta a recoger el guante?

COMPRENDER EL PROCESO CREATIVO Y APOYAR EL AVANCE HACIA LA ERA DE LA CREATIVIDAD

“El mayor secreto es que la vida no es tanto un proceso de descubrimiento cuanto de creación. Más que descubrirte, te estás creando continuamente. Trata no de descubrir quien eres sino quien quieres ser”. La Física nos dice que somos a la vez “Onda” y “Partícula”. Y es la “onda” o parte invisible, la que crea la “partícula” o parte visible. En palabras de Ramón y Cajal es la mente la que crea el cerebro al igual que el pensamiento crea realidad.

Si “el hombre es el único animal en la escala zoológica que tiene que trazarse su propio destino” (Teilhard de Chardin), la cuestión de cómo convertirnos en nuestra mejor versión diseñando nuestro proyecto vital y realizándolo, o cómo lograr nuestro potencial creativo para convertirnos en quien realmente somos, resulta capital. La Creatividad no es un lujo sino una necesidad perentoria para sobrevivir, convivir y vivir en plenitud. La Universidad del Futuro habrá de entender que el saber está en función del ser y habrá de abrazar, como misión insoslayable, la enseñanza del proceso creativo personalizándolo ya que de él depende nuestro destino personal y colectivo.

ENTENDER EL LIDERAZGO

Como algo distinto del poder, como un proceso práctico de generación de inteligencia colectiva que consiste en “la materialización colaborativa de una visión inspirada en valores”  (Díaz-­‐Carrera).  Si  la  educación  exige  elegir  bien  la  meta  (decidir  bien)  y gestionar las emociones (Marinas), su conexión con el Liderazgo aparece nítida. Podemos decirlo con Sócrates “quien quiera cambiar el mundo, se cambie primero a sí mismo”. O con Ortega -­‐a senso contrario-­‐  “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella, no me salvo yo”, sin que varíe el resultado.

Por otra parte, el profesor se convierte en el líder-­‐servidor del proceso educativo. Inspira integridad, fe, valores, compromiso con el desarrollo del yo social y personal. Para ello el autoconocimiento, la autoestima, el autoconcepto, el autoliderazgo, en definitiva, se revelan esenciales. “Convertirte en líder es sinónimo de convertirte en ti mismo. Es así de sencillo y así de difícil”. (Warren Bennis).

En suma quedan muchos temas por tratar como el de la legitimación del conocimiento o el desarrollo de lo que se entiende por “Good Mind” y “Good Society” y cuales serían las responsabilidades específicas de toda institución de educación superior en la construcción de futuros. Se ha escrito que tenemos una Universidad del S. XIX, con docentes del S. XX y con estudiantes del S. XXI, ¿hemos de resignarnos o nos alzamos a la altura de los desafíos encarándolos decidida y resueltamente?

Quedamos todos emplazados para un debate que deseo fructífero y enriquecedor.

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