Categorías
Bienestar

¿Qué quieres cambiar?

Hoy más que nunca debemos hacerlo. El diagnóstico ya está hecho. Ahora el reto pasa por llevar a la práctica acciones desde una mirada proactiva y nutritiva. Introducir propuestas de bienestar en las aulas es fomentar un crecimiento saludable y sostenible facilitador de relaciones empáticas a nivel intrapersonal, interpersonal y con el entorno. Para ello en el BeWell Center de la UCJC diseñamos programas con la voluntad y el compromiso de construir una mirada inclusiva, sostenible e integradora en los procesos de enseñanza-aprendizaje.

Si entendemos el aula como un laboratorio de vivencias y enriquecimiento, habrá lugar y habrá momentos para proponer múltiples opciones. El desafío es darle sentido incluyéndolas en un proyecto pedagógico integral.

Existen múltiples evidencias que demuestran que se aprende mejor bajo un estado de calma. Una mente serena es capaz de procesar e integrar los aprendizajes de una manera más creativa y autónoma. Un cuerpo relajado es aquel que sabe gestionar y regular el consumo de energía necesario para atender e incorporar información, siendo consciente de las sensaciones y emociones presentes. Todo esto es una garantía para aprender de una manera saludable y respetuosa.

La puesta en práctica de la Relajación Creativa como abordaje pedagógico promueve un aprovechamiento de distintas experiencias estrechamente vinculadas con la motivación, el autoconocimiento, el autocuidado, la autoconciencia, la autogestión, la aceptación, la empatía y la resiliencia.

A nivel didáctico la Relajación Creativa proporciona un fuerte impacto individual y grupal, al generar vínculos que propician el análisis, la reflexión y la comunicación de las experiencias entre los alumnos. Integra elementos clave de las prácticas meditativas como: prácticas de respiración, exploración de autoconciencia mental, ejercicios de relajación físico -muscular, autodiagnóstico emocional. Sin embargo, es en el proceso de elaboración y comunicación de la experiencia donde se diferencia e impacta.

En su esencia más profunda, esta propuesta descubre las múltiples relaciones que existen entre los dos términos – relajación y creatividad, provenientes de campos de conocimiento diferentes: salud para el primer término y educación para el segundo.

La relajación creativa es innovadora porque integra y potencia estos dos universos al servicio del bienestar, la salud y el aprendizaje.

El desafío en esta práctica es ofrecer herramientas tanto para el desarrollo de una visión interna (técnicas de relajación, respiración, autoconciencia) como para expresar y compartir este proceso. Los lenguajes expresivos: escritura, pintura, plástica, danza, música, como códigos universales son los que nos abren un mundo de matices y posibilidades de aprendizaje creativo e innovador.

Allí donde los conceptos no llegan y las palabras no alcanzan es posible descubrir nuevas formas para construir narrativas y prototipos utilizando estos lenguajes desde la  autenticidad.

Para sostener este modelo hemos elaborado 10+1 propuestas didácticas:

  • Diseñar desde el sentido
  • Acompañar los procesos sin juzgar
  • Comprender empáticamente
  • Conectar desde una actitud afectiva positiva
  • Ofrecer sinceridad al hablar y escuchar
  • Promover coherencia y asertividad
  • Atender a las necesidades individuales tanto como a las grupales
  • Generar espacios de seguridad y confianza que inviten a la exploración y a la creatividad
  • Valorar la vulnerabilidad y la diferencia
  • Respetar desde la compasión
  • Integrar desde la inclusión

En definitiva, se trata de entregarse al desafío de construir misión y visión en el proceso de aprendizaje para toda la vida desde y para el bienestar Estudiantes sanos en aulas saludables. Porque en estos nuevos y convulsos tiempos la e-letra con bienestar y felicidad entra.

Categorías
Emprendimiento

Las bases de un emprendedor potencial

La evolución que experimenta el emprendedor en el proceso de lanzar su proyecto y todos los nuevos conocimientos y habilidades que obtiene (y necesita desarrollar para triunfar) nacen de una base de soft skills que en la actualidad son demandadas por cualquier tipo de empresa.

Si pensamos en el crecimiento personal y estas soft skills, el mejor contexto para potenciarlos y el hogar para desarrollarlos son las aulas de todo tipo: universitarias, de instituto, formación de trabajadores, FP, etc. Instalar el interés por mejorar las capacidades y adquirir nuevos conocimientos en los centros educativos es la clave para crear una sociedad soñadora, revolucionaria e inspirada para lograr grandes cambios. 

El Global Education Forum (GEF) toma el emprendimiento como uno de sus pilares fundamentales. Hoy en día se está luchando por mostrar que el fomento del emprendimiento en las aulas es un éxito y un factor de cambio social demandado por los estudiantes y el mundo que les rodea. En el GEF queremos ser la palanca del cambio de todos esos estudiantes que buscan hacer de nuestro planeta un lugar mejor. Pero hay que seguir trabajando, pues nos queda mucho por cambiar. 

Según los expertos, España está a la cola de Europa en implementación del fomento del emprendimiento en las aulas. En otros países como Estonia, Lituania o Países Bajos, entre otros, se ha desarrollado una estrategia para lograr el éxito de esta transición que ya está dando sus frutos. Estos países, han logrado aumentar la competencia de su sistema educativo gracias a fomentar el esfuerzo y el trabajo dedicado al desarrollo de un proyecto y diferentes soft skills

Aunque pueda parecer una utopía, se ha demostrado que el espíritu emprendedor puede promoverse en contextos educativos. Para lograrlo, de deben trabajar muchos aspectos de forma transversal y dedicar tiempo para transformar las ideas del alumnado en algo tangible. Convertir la imaginación en acción. Para ello, desde el GEF consideramos que hay que trabajar con los alumnos el desarrollo de distintas habilidades de gran valor empresarial, algunas de las más demandadas son:

  • Comunicación: muchas starups fallan porque no logran darse a conocer de la manera optima a todo su público, por ello, saber comunicarte con tu target y todas las personas que forman parte de tu proyecto es crucial para lograr el éxito.
  • Organización: la palabra lo dice todo, es la base para que todos tus esfuerzos tengan un resultado y no te pierdas por el camino.
  • Trabajo en equipo: un buen apoyo es necesario para conseguir llegar lejos pues, como se suele decir “si quieres ir rápido, ve solo; si quieres llegar lejos, ve acompañado”.
  • Creatividad: en un mundo donde estamos rodeados de estímulos, saber diferenciarse de una forma creativa es muy necesario.
  • Adaptabilidad: el proceso del emprendimiento es un constante cambio que debemos asumir de la mejor manera posible, donde nos surgirán retos que nos cambiarán nuestro día a día, ¡Dile adiós a la rutina!

También debemos trabajar la inteligencia emocional desde la infancia para saber gestionar y entender nuestros límites y superarlos. Esta materia ayuda a desarrollar las fortalezas internas, que capacitan al alumno para superar retos y problemas complejos de una forma creativa y transversal. 

Hay muchas más soft skills que se deben trabajar, pero estas son las más destacadas según los expertos. Si quieres nutrirte de este tema, no lo dudes y ven a conocernos en el GEF ¡Da un paso al frente, comienza a desarrollarte! 

Categorías
Digitalización

Llegada de la digitalización en las aulas

La nuevas generaciones ofrecen y demandan nuevas formas de aprender.
Actividades educativas basadas en el uso de robots o en el aprendizaje de habilidades de programación pueden incrementar el compromiso con el conocimiento en otras áreas como literatura o historia, a través del juego y la experiencia. Además, su uso puede mejorar el desarrollo ético, emocional y social en base al impacto que, por ejemplo, un robot con atribuciones sociales puede causar en los estudiantes.

Sin embargo, el beneficio más prometedor es su potencial educativo alumnos con necesidades especiales, tanto en las áreas cognitivas como psicosociales. La escalabilidad de las propuestas educativas basadas en las nuevas tecnologías es la razón por la que son especialmente útiles en programas de refuerzo y de educación especial.

En las aulas donde la robótica y la programación han cobrado protagonismo, pueden diferenciarse dos tipos de uso, en función de su finalidad. Por un lado, con un fin educacional, encontramos un conjunto de elementos físicos o de programación que motivan a los estudiantes a construir, programar, razonar de manera lógica y crear nuevas interfaces o dispositivos. Por otro lado, como elemento social, encontramos la incorporación de estas herramientas a modo de juego o gamificación, de forma que sistemas autónomos o semiautónomos interactúan con los estudiantes, asquiriendo roles como el de un entrenador, un compañero, un dispositivo tangible o de registro de información.

La robótica educativa es una de las herramientas que hoy en día gozan de mayor popularidad para aproximar el mundo de las nuevas tecnologías al aula. De hecho, cada vez más colegios la ofrecen ya como parte de su oferta de actividades extraescolares, como actividades complementarias o como actividad curricular.

Categorías
Digitalización

El derecho a la universidad (II)

La “Estrategia España 2050” presta una especial atención al impacto de la longevidad en el futuro del país. “El cambio demográfico reducirá sustancialmente nuestra fuerza laboral, pero si logramos recortar la tasa de paro y elevar la tasa de empleo hasta los niveles actuales de los países más avanzados de Europa (esto es, 15 puntos de aumento hasta el 80%) conseguiremos neutralizar en buena medida los efectos negativos del envejecimiento. De perder 2,5 millones de ocupados potenciales, pasaremos a crear 1,5 millones de aquí a 2050… Si España supo crear casi 2 millones de plazas formativas en FP superior y universidad entre 1980 y 2020, bien podrá crear un millón de puestos para programas formativos mucho más breves de aquí a 2050, sobre todo si se vale de las tecnologías digitales y los formatos híbridos de enseñanza”.

La idea de que la prosperidad futura para España pasa por la implantación de una Sociedad del Aprendizaje está plenamente recogida en la propuesta Estrategia España 2050. De hecho, al menos cinco de los ocho ítems del documento le afectan directamente. Ello conduce a la necesidad de definir y potenciar las instituciones públicas que van a dar soporte a esta transición, y de manera especial al papel que se espera que jueguen las Universidades.

El denominado K60, el currículum organizado con una extensión de 60 años, está en el epicentro del debate de las universidades norteamericanas. La publicación, en el año 2020, del libro “The 60-Year Curriculum. New Models for Lifelong Learning in the Digital Economy”, supuso una llamada de atención que no ha pasado desapercibida. Las universidades se enfrentan al reto de ser capaces de dar respuesta a un currículum sin otro límite que las demandas del mercado laboral y la duración de la vida. Un cambio estructural que no es asimilable al incremento del tradicional aprendizaje permanente, pues como señala Huntington D. Lambert, Decano de la División de Educación Continua y Extensión. Universitaria de la Universidad de Harvard, “No se trata solo de mirar hacia adentro, en términos de estudiantes, sino también de cómo la universidad puede ayudar realmente a la comunidad”.

La configuración del derecho a la universidad es la manera que permitirá gestionar las transformaciones a las que se enfrentan las universidades en la sociedad del aprendizaje, desde el impulso a la relevancia de su función, la promoción del bien común y el máximo respeto a su singularidad institucional. Las universidades concentran la mayor parte del conocimiento científico y del talento público de la sociedad, pero las universidades también son reflejo de la exclusión de importantes colectivos de población que nunca tendrán opción de beneficiarse de sus servicios, de igual modo que de la precarización en las condiciones de su actividad. Tan cierto es que la universidad está fuera de los umbrales de percepción para una parte importante de la población, y que en su funcionamiento domina la reproducción de las desigualdades previas, como lo es el hecho que la universidad permite, como ninguna otra institución, el estudio, la creación de redes colaborativas y la producción de ciencia abierta, elementos esenciales para el debate social y político, a la vez que para la competitividad económica. No podemos olvidar que las universidades han sido, a lo largo de los dos últimos siglos, los elementos más cercanos a la encarnación del ideal romántico de la liberación a través de la educación; pilares sobre los que Occidente ha construido su modernidad y, en último término, los Estados Sociales y Democráticos de Derecho.

Llegados a este punto, es conveniente hacer una salvedad. Ciertamente, más que de universidades consideradas de manera aislada, deberíamos hablar de redes o de sistemas universitarios, ya que son éstos realmente los espacios socioeconómicos significativos y recursivos en donde se desarrolla la actividad y sobre los que se proyectan las políticas públicas. En este sentido, podemos hablar de la “perma universidad”, entendida como un ecosistema donde todos sus integrantes se benefician mutuamente y generan una esfera de influencia, en su entorno, en donde es posible aprender, desde el diálogo y la escucha, con una dimensión ética que nos invita a entender al otro.

Es la comunidad universitaria expandida, más allá de los límites de la Ley de Reforma Universitaria de 1983, la que construye el derecho a la universidad, a través de lo que “hace, siente, percibe y llega a articular en su búsqueda de significado para su vida”, en palabras de David Harvey. De esta manera, se convierte a la universidad en un lugar de experimentación, un espacio abierto al mundo capaz de transformarse y de transformar la sociedad, por qué no, en el marco ético de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. El derecho a la universidad es una manera de urbanizar, en el sentido que creó Ildefons Cerdà en su Teoría General, la generación, el acceso al conocimiento y el estudio. Teniendo claro que cuando hablamos del estudio lo hacemos de “la formación del sujeto y la transformación de su relación con el mundo, es decir, cómo hacerla más atenta, cuidadosa, densa y profunda”, en palabras de McClintock.

Utilizando la idea desarrollada por Izaskum Chunchilla en su libro “La ciudad de los cuidados”, podríamos decir que el derecho a la universidad debería contribuir a la creación de una universidad de los cuidados, o como la denominan Antonio Lafuente y Juan Freire, una universidad “Slow”El necesario rediseño de la Universidad post – COVID nos ofrece la oportunidad de replantear la función de la universidad y hacer de ella el espacio en donde encontrarnos con el otro y aprender a vivir con él, a la vez que el ecosistema donde aprehender conocimientos, habilidades y valores.

La configuración del derecho a la universidad obliga a una relectura del derecho a la educación regulado en el art 27 de la Constitución Española a fin de reposicionar en la realidad actual su afirmación; “Todos tienen el derecho a la educación”. En cualquier propuesta educativa que hagamos no podemos olvidar la Educación a lo largo de la vida, concepto definido por la UNESCO para designar el derecho que tienen todas las personas a recibir educación en cualquier etapa de su vida y de forma permanente. Como tampoco podemos dejar de tener presente los riesgos que nos expuso Hannah Arendt en su artículo “La crisis de la educación”; “Quienquiera que pretenda educar a los adultos, pretende en realidad hacer de guardián suyo y apartarlos de la actividad política… lo que hay es una simulación de educación, mientras que el propósito real es la coerción sin el uso de la fuerza”. La respuesta a estos desafíos es una pregunta; ¿cómo vamos a aprender juntos?, ¿cómo vamos a comunicar los universos paralelos que conviven en la sociedad para poder construir la convivencialidad? Ninguna institución recoge el deseo sobre lo que queremos ser, como persona y como sociedad, mejor que lo hace la Universidad; ni refleja mejor el compromiso de una comunidad con su futuro. La universidad es antes que nada un lugar de esperanza, y como tal un espacio obligado a vivir en permanente reinvención.

Los ámbitos sobre los que reflexionar para desarrollar el derecho a la universidad y reposicionar a la universidad como eje de la sociedad del aprendizaje afectan a sus elementos esenciales. El llamado momento Netflix de la educación, o educación a la carta, no es más que una manifestación de este proceso que nos envuelve. El rígido sistema de acceso a la universidad debe adaptarse a los nuevos públicos, a la vez que deben mejorar las condiciones de equidad existentes en sus procesos de admisión. Estas circunstancias harán inevitable la revisión del sistema de financiación, en especial en lo relativo a las becas y precios públicos. Las universidades tendrán que considerar la posibilidad de que los estudiantes entren y salgan de períodos de estudio intensivo. En relación con las titulaciones y las prácticas docentes veremos emerger micro credenciales, mini títulos en áreas específicas de competencia. También surgirán títulos y credenciales que se trasladan con el estudiante en lugar de permanecer en la institución gracias a la creación de pasaportes de aprendizaje electrónico. Se desarrollarán nuevas modalidades de asistencia a clase: presencialmente, a través de videollamada o de otras modalidades síncronas en línea. Se crearán más puentes entre la educación continua y los programas de pre-grado y de posgrado y se ampliarán los servicios complementarios de apoyo al estudiantado a través de programas de ayudas financieras, programas de asesoramiento y otros servicios profesionales.

Al margen de sus títulos, oficiales o no, la Universidad tiene mucho que aportar en la democratización del conocimiento y en la facilitación del aprendizaje expandido. Su condición de laboratorio para desarrollar políticas públicas, en especial en temas medioambientales, la producción de contenidos rigurosos en abierto y accesibles, la involucración en actividades con el tercer sector y de las administraciones locales, como las universidades populares, o la puesta en marcha de programas propios en bibliotecas, laboratorios ciudadanos, clínicas universitarias o science shops que posibiliten la creación y difusión del conocimiento junto al estudiantado y los afectados de su entorno, sin olvidar sus actividades de extensión cultural, unen a la Universidad con su comunidad en el marco de la sociedad del aprendizaje.

El conocimiento de vanguardia, la inclusión de habilidades transversales en todos los programas, la incorporación de nuevas pedagogías y la flexibilidad en el aprendizaje pueden hacer de las universidades la opción más atractiva para el aprendizaje, en cualquier momento de la vida. La demanda es evidente, atenderla de manera adecuada debería ser una prioridad de las administraciones y universidades. Hasta ahora, la universidad ha sido entendida fundamentalmente como una etapa intermedia entre la educación secundaria y la formación a lo largo de la vida.

Reivindicar el papel de la universidad como garante del acceso equitativo al aprendizaje durante toda la vida parece la solución no sólo más eficiente y evidente, sino también la más ajustada al rigor e incertidumbre de las exigencias formativas a las que nos enfrentamos como sociedad. Operar estos cambios será imposible si no cambia la relación de la universidad con su comunidad. Incorporar en la agenda el derecho a la universidad nos permite superar los debates internos en los que encalla la universidad española, a la vez que supone acercarla a las demandas crecientes de formación y conocimiento propias de la sociedad del aprendizaje, en un proceso calmado, abierto y orientado al bien común. Festina lente.

Categorías
Digitalización

El derecho a la universidad (I)

La universidad humboldtiana se enfrenta a la necesidad de revisar las murallas que defendieron su éxito, al igual que hicieron las ciudades europeas durante la segunda mitad del siglo XIX. La apertura de la Universidad, desde la autonomía y los valores que la representan, es la manera con la que poder atender el creciente afán por aprender y contribuir a la construcción de una sociedad más justa y sostenible. El papel que asuma la Universidad en la gestión de conflictos, tales como la evitabilidad del ecocidio, la dignidad de la persona frente a las tecnologías, las tensiones demográficas o los desafíos de las nuevas formas de trabajo, determinará su futuro como institución, y con él, en gran medida, el del conjunto de la sociedad.

La vinculación entre la ciudad, como espacio que nos promete la libertad para ser, y la universidad como espacio que se construye desde la libertad, la podemos encontrar desde sus orígenes medievales. En la actualidad las metáforas de la “Universidad como ciudad”, o de la “ciudad educativa recogen una realidad que crece en la misma medida que lo hace la sociedad del aprendizaje. Universidad y ciudad se hibridan en las calles y en el entorno digital para satisfacer las demandas de aprendizaje, formal y expandido, de las personas, así como las actividades de investigación científica e innovación tecnológica y la construcción de la convivencia y la convivencialidad. El Cardenal Cisneros en siglo XV fue el primero en plasmar en su proyecto alcalaíno la idea de la “ciudad universitaria”, con una visión premonitoria que alcanzará su plena expresión en la refundación de la universidad en el siglo XIX encarnada en la idea de campus universitario.

La llegada del nuevo siglo ha enfrentado a las universidades a desafíos científicos y formativos esenciales para sus comunidades, incompatibles con la mediocridad y el corporativismo. Ahora bien, no es un problema que afecte sólo a las universidades, ya que, para poder dar respuesta a estos retos necesitan la implicación directa de la sociedad y el reconocimiento y pleno compromiso de los gobiernos. Los informes y la realidad vivida nos exhortan a abordar con urgencia el impacto de las nuevas tecnologías en los mercados laborales, a través de la puesta en marcha de políticas educativas destinadas a potenciar exponencialmente los niveles de educación y de habilidades entre todos los rangos de edad. Estudio tras estudio, crece la alarma en relación con los millones de personas, excluidas, amenazadas o temerosas por los inciertos cambios del sistema productivo, que demandan formación. Migrantes de la transformación tecnológica que reclaman servicios y recursos excepcionales.

El Informe 2020 del Foro Económico Mundial sobre el Futuro del Empleo nos presenta un panorama convulso que insta a la aplicación urgente de políticas públicas vigorosas y radicales. Políticas que sean capaces de responder a las necesidades tanto de los trabajadores que probablemente permanecerán en sus funciones, como de a aquellos otros empleados que corren el riesgo de perder su actividad debido a las transformaciones que está experimentando mercado de trabajo. En promedio, los empleadores esperan ofrecer capacitación y actualización al 70% de sus empleados para el año 2025. Para ese mismo año, 85 millones de puestos de trabajo pueden ser desplazados por un cambio en la división del trabajo entre humanos y máquinas, mientras que 97 millones de nuevos roles mejor adaptados a la nueva división del trabajo entre humanos, máquinas y algoritmos, pueden surgir. Ello supondrá un importante desafío que transformará los proveedores tradicionales de formación. Por responsabilidad y por oportunidad, dado que en este momento hay más de un millón menos de jóvenes en edad universitaria en España que a principios de siglo, los sistemas universitarios deben ser capaces de dar una respuesta a este importante reto.

En España, tan sólo en el ámbito del aprendizaje formal, el International Institute for Applied Systems Analysis considera que se debería pasar de tener un 26% de graduados a un 38% y de un 11% de titulados con un FP Superior a un 17% a fin de garantizar la sostenibilidad económica. En el marco de la financiación de las políticas  activas de empleo dedicadas a la formación, la Estrategia España 2050 recoge la necesidad de incrementarlas hasta alcanzar el 0,25% del PIB en 2030 y el 0,4% en 2050. Con este escenario, “España tendrá que hacer una apuesta decidida y contundente por la educación (desde el nacimiento hasta la senectud), y multiplicar sus esfuerzos en I+D”. Se trata de una inversión de miles de millones de euros adicionales que atraerán a todo tipo de proveedores, y en la que los sistemas universitarios deberían asumir un papel determinante.

Así lo han interpretado en el Reino Unido en donde preparan una reforma en profundidad de su sistema de formación a lo largo de la vida. En su discurso de apertura anual del Parlamento inglés, la soberana británica puso el foco, con especial intensidad, en dicho tema: “La legislación apoyará una garantía de habilidades de por vida para permitir el acceso flexible a educación y capacitación de alta calidad a lo largo de la vida de las personas”. Inmediatamente después, el gobierno inició la tramitación del proyecto de ley de Habilidades y Educación Post-16. Esta ley se fundamenta en la profunda reflexión del Libro Blanco sobre habilidades y educación elaborado desde el año 2018. Como elementos más destacados cabe señalar la incorporación de la obligación de las universidades de alinear los cursos que ofrecen a las necesidades de los empleadores locales, atribuyendo poderes extraordinarios para que el secretario de educación intervenga en las universidades que no satisfagan las necesidades locales, y el reconocimiento al derecho a acceder, durante cuatro años, a financiación mediante préstamos estudiantiles que permitirán realizar estudios de educación superior a lo largo de su vida.

En este sentido, pocos informes ofrecen una visión global tan clarificadora para entender los desafíos a los que se enfrenta la institución universitaria como “The Futures of Universities Thoughtbook”,.En su edición de 2020, “Universidades en tiempos de crisis” ofrece una sugerente visión prospectiva sobre el ecosistema global de educación superior para el año 2040. En dicha panorámica se recoge el concepto de “Life partner”, considerado como uno de los cinco ámbitos esenciales para la transformación de la Universidad. “Más allá de los estudiantes tradicionales que comienzan sus estudios universitarios directamente después de la enseñanza secundaria y antes de tener experiencia laboral, la noción de estudiantes se expande para incluir individuos en todas las etapas de la vida”. En definitiva, el informe marca una tendencia que parece ineludible: el incremento y la mejora de las habilidades de los miembros de la sociedad, a lo largo de sus vidas, a fin de disponer de las herramientas necesarias para encarar con éxito los retos de un mundo cambiante se ha convertido en un cometido esencial de la Universidad en siglo XXI.

Una reflexión semejante sobre la necesidad inminente de cambios estructurales en los sistemas universitarios también es compartida por los responsables del “Espacio europeo de educación superior” (EHEA). Así, en la declaración de la última reunión de ministros de universidades celebrada en Roma en el año 2020; “Principles and Guidelines to Strengthen the Social Dimension of Higher Education in the EHAE”, se recoge que “Participation in higher education has to be a lifelong option, including for adults who decide to return to or enter higher education at later stages in their lives. An inclusive approach needs to involve wider communities, higher education institutions and other stakeholder groups to co-create pathways to higher education.”

Posiblemente sea en el sistema universitario de los EEUU en donde, dada su heterogeneidad y proyección global, se esté produciendo un debate más intenso sobre la modificación de los públicos y su impacto en la organización y servicios universitarios. En el año 2018, la prestigiosa universidad tecnológica Georgia Tech publicó su visión prospectiva para el año 2040: “Deliberate innovation. Lifetime education”. En su declaración inicial puede leerse como uno de los elementos clave del futuro. “The successful universities will be those which invest in the pipeline to help students acquire and renew skills not only through formalized degrees and credentials but with programs, products, and services that are relevant and valuable throughout their lifetimes”. De este modo, la universidad norteamericana se abre y transforma para adaptarse a las demandas sociales emergentes.

En América Latina y el Caribe, el debate también se articula alrededor de las mismas coordenadas. A través del programa “Los futuros de la educación superior,” UNESCO-IESALC ha querido que la comunidad universitaria responda a las dos siguientes preguntas; ¿Cómo le gustaría que fuera la educación superior en 2050?

¿Cómo podría contribuir la educación superior a mejoras futuras para todos en 2050? Así, el 25 de mayo del 2021 se publicaba el informe Pensar más allá de los límites. Perspectivas sobre los futuros de la educación superior hasta 2050”. En este informe, se recoge como uno de los objetivos básicos de la universidad para las próximas décadas “intentar imaginar nuevas formas de diseñar, proporcionar y mejorar la educación superior para todos… cumplir con el derecho a la educación superior para todos”.

Categorías
Impacto Social

The future of higher education: social impact. A framework for discussion

¿Cuáles son las realidades, respecto de la educación en el futuro, que no nos podemos permitir el lujo de ignorar? O, dicho de otro modo, ¿qué conversaciones hemos de ser capaces de generar como sociedad sobre una cuestión tan capital, sopena de correr el riesgo de descarrilamiento de nuestros más acariciados proyectos colectivos?

El texto que sigue, escrito a vuelapluma, intenta aportar una modesta contribución sin más pretensión que la de acotar o balizar un extenso terreno en aras de la eficacia del debate. Mentes más lúcidas que la mía y con otras experiencias pedagógicas sabrán sin duda completar estas breves sugerencias.

Además de la Pedagogía, este amplio campo de juego incluye, entre otras, disciplinas como la Neurociencia y el Neuroaprendizaje, el Desarrollo de Consciencia y de talentos así como el conocimiento práctico de los procesos creativos y la ciencia y el arte del Liderazgo. Todos estos vectores confluyen en lo que los especialistas anglófonos llaman la construcción de “The Good Mind”, requisito a la vez previo y concomitante con la edificación colectiva de “The Good Society”. Entiendo que ambos objetivos han de constituir el norte e inspiración de toda tarea educativa.

Por mor de claridad he elegido articular tan compleja cuestión en una serie de epígrafes indicativos sin voluntad de jerarquía ni ambición de exhaustividad.

EL RETO EPISTEMOLÓGICO

Aun cuando el dramaturgo servo-­‐americano Steve Tesich acuñara en 1992 el término “Postverdad”, no ha sido hasta 2016 que el Diccionario de Oxford eligiera el término “Post-­‐Truth”  como  palabra  del  año.  “Fakenews”,  “fact-­‐checking”,  “fake  techs”,  “fake bots”… son otros tantos neologismos para designar una realidad inédita en la que la verdad deviene indiferente, solo cuenta la eficacia del relato (“storytelling”) y si para eso tengo que presentar “alternative facts” (Donald Trump), pues se fabrican para la ocasión sin el menor rubor. De ahí a la “Agnotología” o producción sistemática y deliberada de ignorancia, con fines manipuladores y ventajistas que acrecientan el poder (político, económico y mediático) sobre otros, no hay sino un paso.

En este contexto contemporáneo poco propicio para el desarrollo de criterio y la generación de conocimiento relevante, cabe preguntarse cual debería ser el papel de las instituciones educativas tradicionalmente empeñadas en la indagación de una verdad científica verificable y falsable según Popper. ¿Cómo deberían reforzar el criterio y sentido crítico de los educandos para que éstos se conviertan en ciudadanos libres, deviniendo “su propio faro y su propia brújula”?

REVISIÓN CONCEPTUAL

Aún con las limitaciones referidas los conceptos son importantes. “Si pudiera hablar con Dios, que le pediría? Le pediría un diccionario”, respondió el interpelado que no era otro que Denis de Rougemont, presidente del Instituto Europeo de la Cultura de Ginebra. Y son importantes porque la vida humana es relación. Somos en relación y hemos de entendernos. Y una Universidad (Unus-­‐versus), es un lugar de relación donde se aprende “el arte del encuentro” (Albert Jacquard). Veamos brevemente algunos conceptos.

IGNORANCIA. “Nescentia necat”, la ignorancia mata, reza el proverbio latino (desmentido en la “Era de la Posverdad”). Sin embargo dos grandes maestros como Buda y Sócrates coinciden en que el gran problema de la humanidad no es la maldad sino la ignorancia. Sin embargo y paradójicamente, solo desde mi reconocimiento de que no sé, me abriré a nuevos conocimientos, haciendo así un uso creativo de la ignorancia. Si “creo saber”, permaneceré cerrado y encerrado en mi zona de confort cognitiva, me agostaré y no creceré. De ahí que el conocimiento (o la certeza que ponemos en él) se revela como el peor enemigo del aprendizaje. Hay muchos tipos de aprendizaje, el experiencial, el que modifica mi sentido de la experiencia y mi percepción de la realidad, suele ser el más eficaz y duradero. ¿Cómo pueden las Universidades complementar el aprendizaje teórico con el experiencial?

EDUCACIÓN de “ex ducere”, sacar fuera, exteriorizar. El  “E-­‐ducator” ayuda al educando a sacar fuera su “unicidad” (aquello que nos hace seres únicos a cada uno), para desde ella construir un proyecto vital también único con el que contribuir al acervo social. Lo contrario de la educación sería el adoctrinamiento en que se atiborra al educando con contenidos externos ideológicos u otros alienantes, desviándole de sí mismo y de su genuina aportación. “Timeo hominem unius libri” (San Agustín), temer al hombre de un solo libro es un alegato contra el fanatismo y el fundamentalismo todavía no erradicado en el mundo. La Universidad ha de estar en sus antípodas: pluralismo, debate y libertad. “Educar es aprender a dirigir con sentido la propia vida”, decía Giner de los Ríos, y transmitir valores. Igual que liderar, el líder es el “meaning maker”, el generador de sentido. Y las metas de la educación son: transmitir un acervo cultural, preparar para la vida y formar para la convivencia cívica.

Mark Twain distinguía escolarización de educación: “Nunca dejé que la escuela interfiriera con mi educación”, escribía. Y es que para educar se precisa una tribu como reza un proverbio africano.

INTELIGENCIA de “inte legere”, leer dentro. Es decir, conocernos a nosotros mismos, aquello que nos hace únicos, nuestros talentos, nuestras inquietudes, nuestros anhelos y nuestra conciencia. La inteligencia entendida también como la capacidad de predecir y controlar el entorno físico, psicológico y social, resulta esencial. Los humanos tenemos la capacidad de predecir, y, por tanto, de prever las consecuencias de nuestras acciones, lo que nos confiere responsabilidad moral. Anticipar nos permite actuar proactivamente, superando reactividades automáticas, acostumbramientos y rutinas. En definitiva inventar nuevos modos de hacer creando realidades nuevas y valiosas.

El APRENDIZAJE implica un cambio en el significado de la experiencia. Frente al Viejo Paradigma de la Enseñanza que supone que el conocimiento implica una especie de operación de trasvase de conocimiento del enseñante al estudiante, el Nuevo Paradigma del Aprendizaje reconoce que el alumno no viene quam tabula rasa sino que tiene conocimientos y que éstos son mejorables. Y la misión del profesor consiste en ayudar al alumno a que los perfeccione construyendo su propio conocimiento relevante. Ambos configuran una comunidad de aprendizaje donde el profesor también aprende y refuerza aprendizajes necesarios como: aprender a aprender, a emprender, a tolerar y respetar…

COMPRENDER LA REALIDAD DE LA NATURALEZA HUMANA

En la literatura francófona se dice que el hombre es un híbrido entre el ángel y la bestia, y se pregunta por qué pudiendo ser ángeles actuamos frecuentemente como animales. Un vistazo a la sangrienta historia de la humanidad corroboraría el aserto “Somos nuestro peor enemigo y el del planeta”. Sin embargo nuestra pavorosa capacidad destructiva (ej. la nuclear), deriva de un uso discutible de nuestra capacidad creativa. Si solo existen cualidades positivas, como diría Aristóteles, el ser humano es creativo, teleológico y exponencial. Todo lo negativo que vemos indicaría un insuficiente desarrollo de las cualidades y habría que preguntarse el por qué y por la responsabilidad de los (inadecuados) procesos educativos en todo ello. Tal vez parte de la explicación resida en que somos criaturas medrosas y el miedo está en la base de nuestros comportamientos violentos e insolidarios. Superar el miedo es el principio de la Sabiduría y el miedo es causa de tanto sufrimiento innecesario. Habría que interrogarse si las universidades del futuro no deberían de dar carta de naturaleza a una exploración en profundidad de la Sabiduría, entendida como la máxima lucidez con la máxima felicidad. Después de todo la Ciencia no tiene la última palabra necesariamente ya que la Ciencia es fragmentaria y analítica mientras que la realidad es sintética y holista. En definitiva, “la multiplicidad que no se traduce en unidad es confusión. La unidad que no se manifiesta o despliega en diversidad es tiranía” (Blaise Pascal). ¿Será tarea de la Universidad del futuro promover la lucidez, la libertad y la meta-­‐disciplinaridad, para que personas y sociedades no tengan que transitar periódicamente entre la confusión y la tiranía?

Lograrlo implica encontrar el entronque entre la Ciencia y la Mística, entendida ésta como la cooperación con el impulso creador de la vida, debería de ser una tarea dialógica propia de una institución que lleva en su nombre el principio místico de Unidad y el científico de (multi)diversidad. Pero para ello precisa partir del Nuevo Paradigma

Científico (Gödel, Heisenberg, etc.). No tan nuevo ya que arranca con la Física cuántica y cuenta con un siglo de antigüedad. La Universidad va con mucho retraso en su proceso de impregnación y de difusión transversal de conocimientos por su estructura vertical anquilosada en disciplinas que configuran compartimentos estancos, inapropiados para captar una realidad compleja e interrelacionada. Cuanto antes asuma prácticamente que vivimos en el Paradigma de la Interdependencia Compleja, más útil resultará a la sociedad preparando a sus egresados de modo acorde con nuestra actual percepción de la realidad y nuestra capacidad real de transformarla.

COMPRENDER EL CONTEXTO DE CRISIS DE CIVILIZACION

Se ha dicho hasta la saciedad que más que en una era de cambios exponencialmente acelerados,  estamos viviendo un cambio de era. Una revolución no neolítica -­‐ya que no tiene que ver con la transformación de la energía-­‐ sino con la difusión sin precedentes de la información instantánea y global y con el desarrollo de nuevas disciplinas como la Neurociencia, la Biotecnología, la Nanotecnología, etc. que modifican hábitos y paisaje vital.  Todo  ello  en  claro  contraste  con  la  dimensión  socio-­‐política  con  sistemas  de partidos anclados en ideologías del S. XIX. Y con la manipulación ciudadana en manos de políticos y conglomerados de opinión nocivos.

Rof Carballo nos plantea: ¿Cómo poner los impresionantes avances tecnológicos (a los que no cabe renunciar) al servicio de la libertad interior de la persona? Su noción de “retroprogresividad” interpela también a las universidades. ¿Habrá alguna dispuesta a recoger el guante?

COMPRENDER EL PROCESO CREATIVO Y APOYAR EL AVANCE HACIA LA ERA DE LA CREATIVIDAD

“El mayor secreto es que la vida no es tanto un proceso de descubrimiento cuanto de creación. Más que descubrirte, te estás creando continuamente. Trata no de descubrir quien eres sino quien quieres ser”. La Física nos dice que somos a la vez “Onda” y “Partícula”. Y es la “onda” o parte invisible, la que crea la “partícula” o parte visible. En palabras de Ramón y Cajal es la mente la que crea el cerebro al igual que el pensamiento crea realidad.

Si “el hombre es el único animal en la escala zoológica que tiene que trazarse su propio destino” (Teilhard de Chardin), la cuestión de cómo convertirnos en nuestra mejor versión diseñando nuestro proyecto vital y realizándolo, o cómo lograr nuestro potencial creativo para convertirnos en quien realmente somos, resulta capital. La Creatividad no es un lujo sino una necesidad perentoria para sobrevivir, convivir y vivir en plenitud. La Universidad del Futuro habrá de entender que el saber está en función del ser y habrá de abrazar, como misión insoslayable, la enseñanza del proceso creativo personalizándolo ya que de él depende nuestro destino personal y colectivo.

ENTENDER EL LIDERAZGO

Como algo distinto del poder, como un proceso práctico de generación de inteligencia colectiva que consiste en “la materialización colaborativa de una visión inspirada en valores”  (Díaz-­‐Carrera).  Si  la  educación  exige  elegir  bien  la  meta  (decidir  bien)  y gestionar las emociones (Marinas), su conexión con el Liderazgo aparece nítida. Podemos decirlo con Sócrates “quien quiera cambiar el mundo, se cambie primero a sí mismo”. O con Ortega -­‐a senso contrario-­‐  “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella, no me salvo yo”, sin que varíe el resultado.

Por otra parte, el profesor se convierte en el líder-­‐servidor del proceso educativo. Inspira integridad, fe, valores, compromiso con el desarrollo del yo social y personal. Para ello el autoconocimiento, la autoestima, el autoconcepto, el autoliderazgo, en definitiva, se revelan esenciales. “Convertirte en líder es sinónimo de convertirte en ti mismo. Es así de sencillo y así de difícil”. (Warren Bennis).

En suma quedan muchos temas por tratar como el de la legitimación del conocimiento o el desarrollo de lo que se entiende por “Good Mind” y “Good Society” y cuales serían las responsabilidades específicas de toda institución de educación superior en la construcción de futuros. Se ha escrito que tenemos una Universidad del S. XIX, con docentes del S. XX y con estudiantes del S. XXI, ¿hemos de resignarnos o nos alzamos a la altura de los desafíos encarándolos decidida y resueltamente?

Quedamos todos emplazados para un debate que deseo fructífero y enriquecedor.

Categorías
Bienestar

La empatía, clave para el proceso de innovación

Se entiende por innovación todo proceso por el que se transforma una idea en un producto o servicio que es novedoso para el mercado. Como muestra un estudio que realizó la consultora Salesforce a más de 6.700 consumidores, el 76% esperaba que las empresas tuvieran en cuenta sus expectativas y necesidades.

Por lo tanto, las empresas en sus procesos de innovación deberían tener muy en cuenta esa escucha activa, ese ponerse en el lugar del otro para dar con la clave para encajar muy bien lo que se ofrece y la necesidad que cubre. En este mundo actual que está en constante cambio, la innovación es la que marca la diferencia entre unas empresas y otras. Si queremos desarrollar propuestas de valor, debemos ser innovadores y para ello debemos ser creativos. No podemos entender la innovación sin creatividad, sin el propio proceso creativo que no es fruto de las musas, como a veces se cree, sino que es el resultado del esfuerzo y del trabajo constante, como ya decía Pablo Picasso: “No creo en las musas…. Pero si llegan que me pillen trabajando”. 

Cualquier proceso de innovación tiene cuatro fases muy definidas que van desde la “Idea o liberación de ideas”, pasando por el propio “concepto y análisis para la solución”, hasta la “solución y desarrollo” y, por último, “la salida al mercado”. En todas ellas, la empatía será fundamental para ofrecer soluciones eficaces y con valor. Este último aspecto, el valor, es muy importante; ya que se genera innovación con el objetivo de dar utilidad, tiene que tener una funcionalidad aplicada y si además tiene un carácter social y da valor a la sociedad, mucho mejor. Se trata de fomentar la vocación de servicio a la sociedad y el respeto al medio ambiente, sin el cual los procesos innovadores se convierten en problemas para las futuras generaciones.

  1. para poder aterrizar y concretar las soluciones.

Además, la empatía forma parte de las llamadas soft skills, habilidades y competencias interpersonales adquiridas en la vida diaria y que permiten, a su vez, integrarse en el ambiente laboral de forma eficaz en cuanto a las relaciones con los demás.

Fuente: https://searchdatacenter.techtarget.com/es/definicion/Habilidades-blandas-soft-skills

La empatía está muy relacionada con la inteligencia emocional y con los procesos de aceptación que se trabajan con herramientas como el mindfulness, ya que las personas que tienen más empatía son aquellas que tienen más desarrollada esta capacidad y son capaces de identificar las propias emociones y pensamientos para saber desde qué estado se conectan con los demás y con el entorno.

Esta serie de tips fomentan la empatía y ayudan a que el proceso de innovación sea todo un éxito:

  1. Escucha activa. Tener los 5 sentidos dispuestos a recibir información.

  2. Mente abierta y sin prejuicios. Ser respetuosos con los demás y no emitir juicios de valor entre los miembros del equipo creativo aceptando la divergencia como una propuesta de valor.

  3. Ser curiosos. Aprender a descubrir y reconocer las cualidades y logros de los demás, de esta manera se llevará a cabo un proceso de innovación constructivo. La mente de principiante nos ayudará a percibir la realidad de una forma inocente y a descubrir nuevas posibilidades creativas.

  4. Atención plena. Ser consciente del entorno, de lo que sentimos y el interés por lo que nos están contando; no es suficiente con saber lo que el otro siente, sino que tenemos que demostrárselo con nuestros actos, así que es importante estar presente de manera consciente.

  5. No interrumpir mientras nos están hablando.  Evitar convertirnos en expertos, aquí estamos todos para aprender y construir en equipo.

  6. Aceptar las diferencias, ser tolerantes y pacientes con los que nos rodean y con nosotros mismos.

  7. Evaluar sin juzgar. Aprender la diferencia entre reacción y respuesta. Tener una visión de la retroalimentación que nos proporcionan los demás hacia nuestro comportamiento y acciones, obsérvate a ti mismo y aprende cada día algo nuevo sobre ti.

  8. Emociónate y emociona. Añadir emoción a los comentarios, parafraseando, así selogrará que se pase de hablar de hechos a hablar de emociones, la clave para desarrollar la empatía.

Desde el BeWell Center, centro de bienestar de la universidad Camilo José Cela, queremos proponerte un reto para ayudarte a alcanzar lo que hemos denominado Be3DEmpathic: “ponte en los zapatos del otro y en el de tu entorno una vez que hayas conectado contigo, el primer movimiento empático proponemos que sea hacia dentro de nosotros, para darnos cuenta de cómo estamos, de cómo nos sentimos y de que conectamos con los demás y con el medio ambiente desde una aceptación amable y curiosa de nuestra realidad personal”.  

De esta manera, seguro que mejorarás tu empatía y bienestar y el de los que te rodean. Y si necesitas ayuda en este proceso, nos tienes a tu disposición para acompañarte en el desarrollo de todo tu potencial creativo e innovador.

Como hemos visto, la creatividad, la innovación y la empatía son aspectos que hay que entrenar y desarrollar en nuestro día a día; así que, ya no hay excusas para ser más empáticos e innovadores, está en nuestra mano conseguirlo.

Categorías
Digitalización

¿Cómo puede ayudar la tecnología a mejorar la educación?

La pandemia que experimentamos a partir de marzo del año 2020 nos ha obligado a reflexionar de manera más explícita sobre el papel que las tecnologías deben y pueden jugar en la educación; a tomar decisiones más meditadas sobre las herramientas, recursos y plataformas que debemos incorporar a nuestros ecosistemas de aprendizaje; a tener en cuenta la innegociable necesidad de favorecer un acceso equitativo y de calidad a las infraestructuras, dispositivos y programas necesarios para desarrollar una experiencia de aprendizaje de calidad; a generar y proporcionar recursos en forma de contenidos de calidad para que nuestros alumnos puedan disfrutar de una experiencia de aprendizaje rica; a ensayar con el uso de tecnologías inmersivas (AR, VR, 360) que favorezcan otras formas de aprendizaje pleno; a intentar generar verdaderas comunidades de aprendizaje que trabajen de manera colaborativa con fines compartidos, sin perder un ápice de autenticidad en el proceso; a procurar que todos los que participan en una experiencia de aprendizaje con un gran componente digital, dispongan de las competencias necesarias para hacerlo con plenas garantías; a concentrarnos en la necesidad de contar con profesionales expertos en diseño instruccional, que se preocupen por la coherencia y significatividad de las secuencias de aprendizaje; a desplegar infraestructuras y redes suficientes y seguras, y a preocuparnos por garantizar el máximo nivel de seguridad en las comunicaciones.

No es que no nos ocupáramos de estos asuntos previamente. Es que la pandemia nos obligó a acelerar todos los procesos en los que estábamos embarcados y a tomar decisiones que quizás hubiéramos tardado más tiempo en tomar.

Esta pujanza de las tecnologías en la educación actual es contemporánea de otra realidad innegable: la de la profunda transformación del modelo de la enseñanza superior. Son muchas las señales que nos avisaban hace tiempo de ese hecho incuestionable: la proliferación de universidades exclusivamente online, que propician una experiencia de aprendizaje nómada; la facilidad con la que se propaga el aprendizaje informal, P2P, en comunidades basadas en algún tipo de afinidad, al margen de certificaciones oficiales; la entrada en escena de agentes por completo ajenos al mundo de la educación, con una oferta masiva de contenidos formativos y una pujanza incontestable; la multiplicación de formas de reconocimiento y acreditación al margen de los mecanismos académicos tradicionales; la extensión de plataformas multinacionales con ofertas de acceso gratuito a multitud de contenidos formativos de índole universitaria; la necesidad de procurar servicios de formación a lo largo de toda la vida a un público que ya no se conformará con contenidos estandarizados y una atención anémica.

La suma del desplazamiento de la universidad tradicional por otras iniciativas formales o informales y de las tecnologías educativas sobre las que se sustentan, da como resultado una tormenta casi perfecta que nos obliga a repensar el papel de las instituciones de educación superior en el siglo XXI.

No estamos solos en esta reflexión, ni queremos estarlo, al contrario: la idea del Global Education Forum, en este itinerario dedicado a la digitalización de las universidades del futuro, es plantearnos las preguntas adecuadas para intentar buscar respuestas consensuadas. ¿De qué forma deberán contribuir las tecnologías educativas al empoderamiento de nuestros estudiantes? ¿Qué papel deberán jugar las instituciones públicas y las empresas privadas en su desarrollo y mantenimiento? ¿De qué forma garantizaremos un nivel de competencia digital óptimo para todos? ¿Cómo asegurarnos de que al acceso será equitativo y no provocará segregaciones adicionales? ¿Qué tipo de profesionales necesitaremos para diseñar experiencias de aprendizaje híbridas plenas? ¿Qué papel reservaremos, conscientemente, a la algoritmia y la inteligencia artificial en esta ecuación? ¿Cómo cuidaremos de nuestros nuevos alumnos, esos que seguirán estudiando, trabajando y formándose a lo largo de toda su vida? ¿Cuál será la propuesta de valor que les hagamos, una que mejore la que ya le ofertan otras plataformas?

El debate no ha hecho más que empezar y nuestra voluntad es crear una comunidad de aprendizaje que indague, debate y diseñe junta esas posibles soluciones.

Categorías
Digitalización

Sobre la necesidad de cultivar una mirada crítica hacia la tecnología educativa

La historia de la educación está llena de tecnología. Desde principios del siglo XX esta historia, así como la historia del cambio educativo, han estado vinculadas a distintas tecnologías de la comunicación: cine, radio, TV, ordenador personal, CD-ROM, internet, pizarra digital, tablets, realidad aumentada, videoconferencias. Todos y cada uno de estos desarrollos tecnológicos han sido recibidos con entusiasmo y vistos como palancas de cambio y mejora educativa. Con todas y cada una de estas tecnologías la “revolución” siempre ha estado a punto de tener lugar. Pero, la realidad es que la anhelada transformación educativa a través de la tecnología no ha tenido lugar realmente. Salvo excepciones, la tecnología aplicada a la educación no ha pasado de ser una promesa incumplida (Selwyn, 2014). Podemos decir que la historia de la tecnología educativa está llena de futuros que nunca fueron presentes. También es una historia llena de amnesia. O, dicho de otra manera, la historia de la tecnología educativa es una historia sin historia. Una de las características más sorprendentes del campo edtech es su incapacidad para registrar su propia historia y reflexionar críticamente sobre su desarrollo, como si no hubiera tiempo para mirar por el espejo retrovisor en un campo que está siempre interesado en el futuro. Como señala Martin Weller (2020), una de las razones es, sin duda, el hecho de tratarse de “un área en la que las personas se mueven desde otras disciplinas, por lo que no hay un conjunto compartido de conceptos o historia.”

Demasiado a menudo, lo que nos hemos encontrado son soluciones en busca de problemas, más que respuestas a auténticas preguntas. Además, en el ámbito educativo en general, pero especialmente en el de la educación superior, ha sido habitual encontrarnos con una narrativa que contrapone la velocidad de cambio de la tecnología (y supuestamente de la sociedad) con la lentitud, y en muchas ocasiones decidida resistencia, de las instituciones de educación superior y de los docentes a la hora de adoptar y adaptarse a estos cambios, con el consiguiente riesgo, según quienes sostienen esta narrativa, de acabar siendo irrelevantes y desaparecer. En los últimos años, son varias las veces que se nos ha anunciado la inminente desaparición de la universidad, la enseñanza o la profesión docente. La tecnología es presentada entonces como el escenario donde, de manera natural, debe desarrollarse el futuro en general y el futuro de la educación en particular. En términos darwinistas, o te adaptas o te extingues. En el marco de esta narrativa, todavía muy habitual en ciertos ámbitos, no parece haber demasiado espacio para los indecisos, los dubitativos, los precavidos o los críticos.

Este proceso nos ha llevado a una polarización en las posturas, tanto entre las personas como entre las instituciones, en torno al papel que debe desempeñar la tecnología en la educación, algo que ha impedido que se produzca un debate serio, pausado y profundo en el interior de las instituciones educativas. O estás a favor o estás en contra. En ambas posturas no parecía haber espacio para las dudas. En educación, y especialmente en educación con tecnología, nos hemos centrado mucho en los métodos y hemos olvidado las metas. Nos han sobrado posicionamientos y nos ha faltado debate.

Al mismo tiempo, las decisiones sobre tecnología educativa han sido relegadas normalmente en departamentos periféricos y no centrales de las instituciones educativas. La tecnología ha sido vista como un objeto complementario, vinculada a las infraestructuras, tratadas como algo neutro en sí mismo, como simples dispositivos más o menos efectivos, o atractivos y con fines, en muchas ocasiones, puramente de imagen y comerciales, alejadas, por tanto, de los procesos educativos y de generación de valor.

Pero mientras eludíamos el necesario debate sobre los procesos de digitalización y de incorporación de la tecnología, muchas veces de manera acrítica, han seguido produciéndose en todos los ámbitos de nuestras vidas, también en aquellos que tienen que ver con la educación, y en todas las organizaciones e instituciones que nos rodean, también en las instituciones educativas. Esta incorporación se ha producido ignorando la historia, no cuestionando su supuesta neutralidad, sin tener en cuenta las complejidades sociales, políticas, económicas y culturales de la tecnología, y desoyendo las escasas voces que nos instaban a reflexionar y discutir sobre el papel que queremos para la tecnología en educación antes de tomar decisiones. Decisiones que en muchos casos se han precipitado en los últimos 18 meses impulsadas por las necesidades de sostener la educación durante la pandemia de covid-19.

La situación que estamos viviendo nos ha mostrado en toda su crudeza la fragilidad de nuestras instituciones educativas y del sistema educativo en general en términos de digitalización, pero también ha hecho visibles numerosas contradicciones y múltiples desafíos no tecnológicos que en las últimas tres décadas no habíamos querido abordar, o simplemente habíamos cerrado en falso sobre los fines de la escuela, los aprendizajes clave, las metodologías más apropiadas y las formas de evaluar lo aprendido.

Tras más de 20 años hablando de escuela digital, de plataformas de aprendizaje, de enseñanza online, de TIC y de TAC, de ordenadores personales y tabletas y de competencias digitales de unos y otros; tras más de 2 años de agrias y yermas polémicas sobre si debíamos prohibir el móvil en los centros educativos o aprovechar su potencial como instrumento de enseñanza y aprendizaje; tras más de 20 años de inversión pública y privada en el desarrollo de plataformas, ecosistemas de educación digital, mediatecas, bancos de recursos educativos abiertos y formación de profesorado, resultó que casi nada estaba listo cuando realmente lo necesitamos. De un día para otro pudimos comprobar que no teníamos ni las infraestructuras, ni los recursos, ni las competencias, ni la pedagogía para llevar adelante la nueva tarea encomendada. Por no tener, no teníamos ni equipamiento para trabajar, más allá del que cada uno tuviese a nivel particular en su casa.

La pandemia de covid-19 ha hecho visible para todos una brecha digital primaria, la del acceso a los dispositivos y la conectividad, que en nuestro contexto cercano dábamos casi por desaparecida. La verdad es que la realidad era otra muy distinta. No solo porque hay más niños y jóvenes de los que pensábamos que no tienen ni conectividad, ni equipamiento, sino también porque hemos podido comprobar que no todos los dispositivos son igualmente válidos para aprender y/o enseñar. También es cierto que, tras esta brecha primaria aparece enseguida una de segundo orden, la del uso, la que tiene que ver no solo con las competencias más básicas para poder utilizar la tecnología, sino principalmente con el tipo de uso que damos a esa tecnología (también con las prácticas pedagógicas más adecuadas al contexto digital), y aquí la realidad es demoledora. Ni nativos, ni inmigrantes, ni residentes, ni visitantes.

La tecnología puede amplificar una gran enseñanza, pero una gran tecnología no puede reemplazar una enseñanza pobre. Resolver el reto de la integración de la tecnología en la educación nos exige resolver antes el reto mismo de la educación. Nos exige cuestionarnos, tanto a nivel individual como colectivo, tanto a nivel de aula como de institución, sobre aquello que nuestros esfuerzos educativos deberían tratar de conseguir. Nos exige cuestionarnos sobre cuáles deben ser los fines de la educación. De nuevo, la pandemia ha hecho más por la digitalización de la escuela y por desmontar las falacias del mercado tecnológico, que años de crítica tecnoeducativa.

Parece que ha llegado el momento de comprometerse, individual y colectivamente, con el impacto digital en la educación de manera crítica, de problematizar y de ser autocrítico, no con un afán de sostener posturas anti-tecnológicas, ni de resistencia general ante cualquier cambio, sino buscando situar en el centro mismo del debate educativo la compleja relación entre tecnologías y educación. Una relación que se nos revela como algo sistémico, alejado, por tanto, de la idea de simple aplicación, integración o implementación (Castañeda, 2019). Se trata de entender, como sostuvo Neil Postman (1999), que cada elección tecnológica que hacemos tiene implicaciones y que lo que necesitamos saber sobre las tecnologías no es cómo usarlas sino entender bien cómo éstas nos usan a nosotros.

Ha llegado el momento de hacer de la tecnología un objeto de indagación, problematizando tanto su aceptación y uso como su rechazo e ignorancia (Postman, 1999). Como sostenía hace unos años Sonia Livinsgton (2012), ha llegado el momento de hacerse preguntas básicas pero desafiantes que nos ayuden a pensar mejor y a perfilar las aristas de esta relación (Selwyn, 2015): ¿qué es realmente nuevo? ¿cuáles son las consecuencias no deseadas o los efectos de segundo orden de la incorporación de tecnologías en educación? ¿cuáles son las ganancias potenciales? ¿cuáles son las posibles pérdidas? ¿qué valores y agendas subyacentes están implícitos? ¿quién se beneficia y de qué manera? ¿cuáles son los problemas sociales que presenta la tecnología digital?

Ha llegado el momento de preguntarnos por las cuestiones éticas vinculadas al uso de los datos o de los sistemas de inteligencia artificial. De preguntarnos hasta qué punto la tecnología puede ayudarnos a combatir las desigualdades que atraviesan lo educativo o, al contrario, pueden crear nuevas brechas e incrementar las desigualdades existentes (Selwyn, 2016). De preguntarnos cómo podemos hacer que el aprendizaje sea auténtico, involucrar a los alumnos, ampliar la capacidad de los docentes o hacer que el aprendizaje sea relevante para las necesidades sociales actuales.

Hablar de tecnologías en educación no es hablar de dispositivos, ni de hardware y software, ni tampoco de datos, analítica y eficiencia, sino que tiene que ver sobre todo con prácticas, contextos, culturas y usos, es decir, con lo que podríamos denominar los aspectos humanos de la tecnología y de la educación (Selwyn, 2011). Los retos son grandes. Hacer lo mismo de siempre con tecnología o sin ella no permite avanzar hacia una mayor calidad y equidad de la educación (Pedró, 2017). El reto de la tecnología educativa es el reto mismo de la educación.

Referencias:

Castañeda, L. (2019). Debates regarding Technology and Education: contemporary pathways and pending conversations. RIED. Revista Iberoamericana de Educación a Distancia, 22(1), pp. 29-39. doi: http://dx.doi.org/10.5944/ried.22.1.23020

Livingstone, S. (2012). Critical reflections on the benefits of ICT in education. Oxford Review of Education, 38(1): 9-24.

Pedró, F. (2017). Tecnologías para la transformación de la educación. Fundación Santillana

Postman, N. (1999). El fin de la educación. Octaedro

Selwyn, N. (2011). Education and Technology. Key Issues and Debates. Continuum

Selwyn, N. (2014). Distrusting Educational Technology: Routledge

Selwyn, N (2015). Technology and education – why it’s crucial to be critical. En Bulfin, S., Johnson, N. & Bigum, C. (eds.) (2015). Critical perspectives on technology and education. New York, Palgrave Macmillan

Selwyn, N. (2016). Is technology good for education?. Cambridge, United Kingdom, Polity

Press. Weller, M. (2020). 25 Years of Edtech. AU Press, Athabasca University. https://doi.org/10.15215/aupress/9781771993050.01